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No resulta fácil de encontrar el castillo de Caldaloba. O lo que queda de él. Una aventura. Y en eso también reside su encanto (el de la fortaleza). Porque todavía se puede organizar una expedición familiar llena de pequeños misterios al corazón de Galicia, con el aliciente de que el peligro suma cero incluso para los más pequeños.

El outeiro en el que se alza la torre de 25 metros ya fue utilizado en la prehistoria: era un castro, ni más ni menos, situado en lo que luego se llamó el coto de Mato, dominando la zona entre Vilalba y los ríos Támoga y Miño. Los cuatro fosos permanecen cubiertos por la vegetación, pero están. De modo que en la Edad Media se levantaron la torre y los lienzos de la muralla. De estos nada queda en la práctica, pero la torre resiste: cuatro plantas, mampostería de granito en las esquinas y pizarra muy gruesa en el resto, planta cuadrada y una bóveda en la parte superior. Bóveda de la que solo es posible admirar los arranques de los arcos, rematados en ménsulas.

 

Por aquí andaba el mariscal Pardo de Cela. Su hija, Constanza de Castro, también aquí mandó a paseo en 1483 a los enviados de los Reyes Católicos, responsables últimos de la decapitación de su padre ante la catedral de Mondoñedo. Claro que la mujer no estaba sola: su marido, Fernán Arias de Saavedra, compartía tal indignación y resistió el asedio. ¿Se rindieron? Sí, cuando se corrompió el agua del aljibe. El jefe enemigo, López de Haro, los esperaba.

Muy poco después fue abandonada, haciendo el tiempo su labor destructora. Cuando el siglo XVII finalizaba pertenecía al conde de Fuensaldaña, a su vez señor de la Merindad de Villajuán, o sea, el coto de Vilalba. Y de hecho la fortaleza aparece en algunos documentos como «de Villajuán».

Lo que no consiguió el tiempo fue acabar con la leyenda que afirma que existe un túnel hasta el más o menos cercano pazo homónimo. Seguro que alguien se la cuenta al visitante mientras se acerca a la vecina capital de Cospeito, en cuyas cercanías se extiende una laguna recuperada por el tesón de los vecinos. La parte final del paseo merece la pena hacerla andando

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